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Poderosas caricias

El lenguaje que calma al sistema nervioso

Nacemos con cinco sentidos, pero hay uno imprescindible para vivir: el tacto.
Desde el primer instante, el cuerpo necesita ser sostenido, tocado, acariciado. La piel es nuestro primer hogar, el lugar donde el sistema nervioso se asoma al mundo y aprende si es seguro o no habitarlo.

El psicoterapeuta Claude Steiner hablaba de la economía de las caricias: crecemos y nos desarrollamos en función de la cantidad y la calidad del afecto recibido. Las caricias no son un extra; son nutriente emocional.

La ciencia lo confirma: la ausencia de contacto afecta al desarrollo, debilita la salud y empobrece la vida emocional. Cuando no hay suficientes experiencias de cuidado, el cuerpo entra en alerta, buscando a toda costa lo que necesita para sobrevivir.

Desde la Teoría Polivagal, el contacto amoroso activa el sistema vagal ventral: le dice al cuerpo “estás a salvo”. Una caricia, un abrazo, una presencia cálida regulan el sistema nervioso, calman la ansiedad y devuelven el equilibrio. El cuerpo se relaja, la respiración se amplía, la vida vuelve a fluir.

Desde la Terapia Gestalt, el contacto es encuentro. A veces una mano, un abrazo o una mirada sostienen más que cualquier palabra. Cuando el cuerpo es escuchado, deja de gritar.

No solo sufre quien no recibe caricias; también quien no se permite darlas. Reprimir el contacto y la expresión emocional tiene un alto coste interno: aislamiento, tensión, desconexión.

Quizá por eso los animales nos sanan tanto: nos ofrecen contacto sincero, constante, sin condiciones. Presencia pura.

La invitación es sencilla y profunda:


Quizá no se trate de aprender nada nuevo,
sino de recordar.

Recordar que el cuerpo entiende antes que la mente.
Que una caricia sincera puede decir “estás a salvo”
cuando las palabras no alcanzan.

Darnos permiso para el contacto
—con presencia, con respeto, con cuidado—
es volver a habitarnos.
Es permitir que el sistema nervioso descanse,
que el miedo se ablande,
que la vida vuelva a sentirse posible.

Porque cuando el cuerpo se siente sostenido,
ya no necesita defenderse.
Y en ese descanso,
algo profundo empieza a sanar 🤍

Cuento de lobos

Cuento de lobos

Una tarde una anciana mujer Cherokee le habló a su nieta sobre la lucha que mora en el interior de las personas. La anciana le habló: «Mi querida nieta, la batalla entre dos lobos existe en el interior de todos nosotros. Uno es egoísta y miedoso. Es rabia, envidia, celos, tristeza, remordimiento, avaricia, arrogancia, deseo, auto-compasión, resentimiento, inferioridad, mentiras, falsedad, orgullo, superioridad, y ego.

El otro es generoso y valiente. Es paz, amor, gozo, esperanza, serenidad, humildad, bondad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe.»

Su nieta reflexionó sobre esto unos instantes y después preguntó:»¿Cuál de los lobos gana?»

«Aquel que más alimentes,» contestó la anciana.

AUTOESTIMA Y DIÁLOGO INTERNO.

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LOS DIALOGOS INTERIORES Y SU RELACION CON EL SUFRIMIENTO Y CON EL BIENESTAR

Solemos creer que los diálogos significativos solo existen entre dos personas, y no estamos familiarizados aún con otro ámbito de diálogo: el diálogo intrapersonal. Ese diálogo que se da entre dos partes de una misma persona y que tiene una enorme significación en la producción de sufrimiento y enfermedad, y también, por supuesto, en la producción de bienestar y salud.

Afirmamos que: a) Los diálogos interiores existen b) Ocurren de un modo contínuo, seamos o no concientes de ellos, c) Aquello que percibimos como nuestra identidad es el resultado de la calidad de esos diálogos interiores.

Cuando en los diálogos interiores predomina el maltrato en cualquiera de sus formas, el sufrimiento psicológico y la enfermedad son sus consecuencias inevitables. Del mismo modo, cuando se instala la calidad de la comprensión, el respaldo y la asistencia, el sufrimiento psicológico cesa y la integridad y la salud surgen también como consecuencia natural.

Lo que le da a esos diálogos interiores su relevante significación es que no sólo determinan el estado del conjunto del cual son partes sino que además son las matrices de las actitudes y las conductas que luego reproducimos en la relación con los demás.

Texto de Norberto Levy.